Presente de indicativo

La enfermedad impone restricciones que nos obligan a adaptarnos y modificar nuestra relación con nuestros seres queridos afectados por esta enfermedad. Como tantas veces, sólo disponemos de nosotros mismos para decidir como afrontar la vida. En mi caso, yo aspiro siempre a vivir lo más positivamente posible. Mi relación con mi padre ha evolucionado a un punto en el que lo único que tratamos es el “presente de indicativo. ” El presente inmediato. El aquí, ahora. A mi padre no le gusta que le pregunte que ha hecho el rato anterior a mi llegada o que plan tiene para esa tarde… o ni siquiera plan, que vendrá mas adelante en su rutina. No le gustan estas preguntas porque dice que se siente examinado.

No puedo preguntarle tampoco su opinión al respecto de ningún asunto porque aunque pasa ratos sentado delante de la televisión no escucha lo que le cuentan y no sigue nada de lo que allí se dice. Para él es simplemente ruido. Está recogido sobre sí mismo y “barrunta” sus pensamientos para sí mismo o siente sus “angustias” o “miedos” que le llevan a repetir en forma de letanía “Ay, Dios mío!” “Ay Dios mío!” Cuando estoy con él, comparto serenidad y alegría de pasar un rato juntos. Le voy a ver a la hora de comer. Me siento con él en el comedor y le veo comer. Le pregunto si le gusta lo que esta comiendo. Le comento que tiene buena pinta el plato que tiene enfrente y que debe estar buenísimo. Le hago cumplidos a su aspecto físico y a la ropa que lleva. Y le digo que le quiero.

Lo aprendí hace muchos años… Hace tiempo que me di cuenta que hay que disfrutar el presente perfecto, el de la salud y las alegrías para evitar el tener que decir “si lo hubiéramos hecho cuando estábamos bien!”

Mi padre reacciona bien a mis cumplidos y a mis sonrisas. Cuando en algún momento expresa su angustia, simplemente le miro con una sonrisa reconfortante con la esperanza de que su sensación desagradable se desvanezca. Después de eso. Termina de comer y nos vamos dando un paseo a su dormitorio para hacer la siesta…

Mi conexión actual con mi padre es “emocional”. No encuentro una situación particular en la que me siento “más conectada” con él.

Actualmente, el lenguaje corporal y las caricias han tomado más importancia que las palabras en mi comunicación con mi padre. La paciencia y la tranquilidad. Cuando voy a ver a papá, no puedo tener prisa porque el necesita su tiempo para tareas simples. Comer, ir al cuarto, acostarse. Todo lo hace con lentitud y parsimonia. Algunas veces, en el camino a su dormitorio quiere parar en la enfermería sólo para saludar al personal y decirles lo fantásticos que son. Para él eso es importante.

Ahora lo importante es el presente. Antes era el futuro. Estudiábamos y nos educaban para llegar a ser gente de bien capaces de ganarnos la vida honradamente. Mirábamos al futuro. Ahora, el futuro y el pasado no existen en nuestra relación. Es el presente. El ahora. Estar juntos, proporcionarnos un rato agradable y seguir viviendo es lo que nos ha traído su nueva condición. El matiz enriquecedor es la apreciación del presente que tantas veces se escapa en nuestro planificar el futuro o quejarnos del pasado. Como dijo John Lennon “Life is what happens while you are busy making plans”. La condición actual de papá me ayuda a valorar el presente, a vivir.

Paz Tarrio

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