Mensajes con temporizador

Yo he tenido dos casos en mi familia de personas que han padecido esta regresión natural a estaciones y estados de la niñez. Mi abuela materna Juana y una tía abuela, María Deogracias muy especial para nosotros.

Recuerdo a mi abuela darme ánimos como si se tratara de una jovencita de mi edad, no parecía en su forma de dirigirse a mi una señora de 90 años sino una joven que estaba frente al que le parecía un reflejo de su joven marido: “eres el nieto más guapo que tengo ¿cuántas novias tienes?… pues tu castígalas que tú puedes elegir…” y se reía. Luego se despedía de mi con un beso en los labios, como lo haría de su esposo. Esto era impensable antes de su regresión.

Mi abuela era dicharachera, pero independiente y distante con sus 13 nietos y 4 biznietos. Sentí que ella estaba muy a gusto conmigo. Siempre riéndose y bromeando, contando anécdotas graciosas. Ella llevaba la iniciativa de la conversación, bueno de lo que fuera aquello. Con el tiempo dejó poco a poco de hablar, pero se mantenía jovial en sus formas. Creo que al caer la máscara de matriarca de una gran familia que su temprana viudez le había otorgado, volvió a ser ella misma, una adolescente vital y alegre, de un optimismo contagioso. Nunca la escuché quejarse. Y le encantaban las historias de amores y desamores.

Mi tía abuela, Maería Deogracias fue nuestra cuidadora durante los años de niñez. Cuando empezó a perder facultades, decidimos unir los pisos y cuidar de ella. Nuestra relación con ella era con muñecas que cuidaba como si fueran niños. Les vestía, les peinaba, les tarareaba canciones. Pasaba el tiempo ordenando fotos de bodas y de niños.

A mí, no me reconocía como sobrino. Para ella yo era el hermano que había regresado del frente y para mi ella era la conexión con mi infancia más feliz.

El hecho común en ambas mujeres es que sirvieron como catalizador para unir a la familia alrededor de ellas.

Con ambas descubría algo fundamental, que fuera de nuestros respectivos papeles y personalidades hay un ser humano esencial con el que hay que conectar: no importa la edad, el sexo, la cultura, esa alma es un alma gemela, un espejo donde verse reflejado, y tienes la certeza de que un día, tarde o temprano, tú ocuparás ese lugar y otro ser humano te devolverá el mismo trato que tú has dispensado al anterior. Por eso, cuando estaba con ellas no estaban allí mis parientes sino ellas como seres independientes, únicos, irrepetibles, esenciales, sin protocolos, sin rangos. La relación era de corazón a corazón y a veces no era necesaria ninguna palabra: una caricia o simplemente estar junto a ellas leyendo o escuchando la misma sintonía de radio o leyendo en voz alta. La presencia es lo que cuenta, una presencia desnuda de interés o convención, una presencia que se transforma en reconocimiento. Y ellas, a su manera te siguen transmitiendo conocimiento, un conocimiento que ofrece el viajero experimentado al que está iniciando el viaje. La mejor manera de comunicarnos era escucharnos, aun en silencio.

Se que lo que voy a decir sonará extraño, pero incluso después de que se fueran siguen enseñándome el camino. De algún modo, dejaron dentro de mi mensajes con temporizador que se están abriendo en mi interior cuando llega el momento preciso. Una cosa estoy seguro, el conocimiento no se transmite sólo con palabras, a veces se transfiere con un simple beso, con un abrazo o, lo que es más increíble aún, pasa de un corazón a otro a través de una mirada. Yo era demasiado joven para saber esto, pero de algún modo lo intuía.

Ellas se desprendieron de toda contención dejando mostrar limpiamente el flujo de sus emociones y sentimientos sin nada que les retuviese en la convención social. ¿No es esa una magnífica oportunidad para que dos seres humanos conecten en sus esencias? Es exactamente lo que sucedió. Ahora, pasados los años, ya no recuerdo casi ningún detalle de sufrimientos o trabajos, pero tengo muy frescas sus enseñanzas y legado que me ayudan día a día a crecer y a comunicarme con los demás.

¡Gracias, preciosas!

Javier Salaberria, España

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *