Aprendiendo a apreciar

Los últimos años con ella fueron preciosos de verdad. Aprendí a apreciar y a saborear las cosas de ella que me quedaban en lugar de centrarme en todas las que se iban perdiendo. Cómo me gustaba cuando la oía llamarme cariño o decirme que me quería, lo que tanto hizo mientras se adentraba en sus últimos días.

Pude apreciar sus habilidades sociales tan desarrolladas, habilidades que conservó incluso cuando se le olvidó quién era la persona con quien las estaba ejercitando.

Pude disfrutar de su sentido del humor y de su diversión con tonterías, como cuando se escupía encima en lugar de hacerlo en el pequeño cuenco en el que intentábamos cepillar juntas su dentadura.

Pude apreciar lo buena compañera que podía ser, viendo cómo me saludaba con la mano desde la camilla del avión médico que alquilamos para cruzar el país hasta Tucson en el resultó ser su último mes de vida.

Deborah Huisken

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