Piel con Piel

Desde que empezó la enfermedad (excepto los primeros momentos de negación) cambió nuestra relación. Mi madre siempre había sido muy independiente, y una excelente ama de casa en todos los sentidos. Muy exigente y autoritaria, aunque muy cariñosa también. Pues bien, esa personalidad fue desapareciendo gradualmente, dando paso a otra más dependiente y a la vez más cercana.

La conexión aparecía, simplemente, al sentir que estaba más tranquila cuando yo estaba a su lado, en situaciones que eran incómodas para ella. O cuando veía brillar sus ojos al vernos a mí o a mi familia.

Antes del actual estado tan avanzado de la enfermedad, la conexión aparecía simplemente al ver su cara cambiar al llegar yo a casa. De tener una expresión triste y perdida, veía cómo sonreía, le brillaban los ojos y se le iluminaba el rostro. Aunque no recordase mi nombre, y tal vez ni siquiera que ella era mi madre. Pero de alguna forma ella me reconocía, y eso le hacía sentirse bien.

No sé cómo, pero encontré en su mirada y sus gestos la nueva forma de hablarnos, esta vez sin palabras. Con solo mirarla podía intuir si estaba bien, si se encontraba incómoda, etc. Y cualquier malestar o tristeza que pudiese tener desaparecía en cuanto la besábamos, abrazábamos y acariciábamos. Creo que necesitaba el contacto humano y familiar para no perderse del todo en la oscuridad de su cerebro enfermo

La enfermedad y la forma en que ha afectado a nuestra relación, de alguna manera me ha hecho mejor persona. El hecho de que alguien me necesite, ha sido muy gratificante.

Yo no quería pasar, a pesar del estado cuasi vegetativo de mi madre, más de un día sin verla, cosa que antes no me ocurría – de hecho mi madre solía sacarme de mis casillas a menudo- La echaba de menos, y eso era algo que antes de la enfermedad no había sentido aunque pasásemos tiempo separadas.

También supuso una gran alegría saber que de alguna forma podíamos comunicarnos.

A través de todas estas experiencias mejoró nuestra relación familiar en general. Mi padre por primera vez me vio como adulta, y comenzó a dejarse ayudar y a pedirme opinión.

La enfermedad de mi madre me ha hecho comprender realmente el significado y la importancia del concepto familia. Me ha hecho descubrir la gran capacidad de paciencia de la que soy capaz, así como darme cuenta de que soy mucho más fuerte de lo que nunca hubiese creído

Con todos los problemas asociados a la enfermedad he aprendido a vencer escrúpulos para lavar y cuidar a mi madre, ha aumentado exponencialmente mi interés por las personas mayores, y me ha hecho valorar muchísimo la gran cantidad de información que poseen y que se perdería si no les tuviésemos en cuenta.

Por supuesto, ha cambiado radicalmente mi escala de valores y me ha hecho saber qué es lo realmente importante en la vida; ya no me enfado prácticamente por nada, y he aprendido a aceptar las cosas que no me gustan pero no puedo cambiar, así como a adaptarme mucho más fácilmente a los cambios. También me ha ayudado mucho a reconocer mis sentimientos y emociones: ira, ansiedad, tristeza, amor.

Con la experiencia he conocido el amor incondicional, piel con piel, sin palabras, y he conocido nuevas formas de ternura. Antes de la enfermedad yo no solía decir te quiero,; ahora lo hago a menudo, especialmente con ella.

Laura, España

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