¨Chisgaravís¨

Demasiados momentos, demasiados buenos momentos, para ver que ahora apenas queda la mirada perdida, palabras desordenadas, y el regalo de alguna sonrisa que posiblemente venga de alguna idea feliz que en ese pequeño momento la lucidez le permite rescatar. Chisgaravís.

Así empezó todo. Una palabra inventada para sustituir las primeras lagunas de la mente: pásame el chisgaravís… ponte el chisgaravís que hace frío… Era divertido, hasta nosotros utilizábamos “su palabra”, porque “lógicamente” no eran más que despistes de la edad. No podía ser nada más.

Pero poco a poco, muy lentamente, llega el momento en que son demasiadas las palabras que faltan, llegan las primeras confesiones de sus olvidos: “tengo que darte algo y no sé lo que es”. Y yo le decía “déjate ayudar mamá, somos muchos para ayudarte”, pero me respondía: “si me dejo ayudar es el fin”. Desde entonces aprendimos a contestar a sus preguntas repetidas, como si cada una de ellas fuera la primera vez que las hacía, a ayudarla haciéndole sentir que era ella quien hacía las cosas, a disimular cada vez que se equivocaba. A revisar lo que hacía sin que se diera cuenta. Porque la mejor medicación para esta enfermedad es dar.

Ahora Laila nos mira, a veces nos descubre y se alegra, otras no sabe quién somos, pero estoy segura de que cada frase que le decimos, cada beso que le damos, cada canción que escucha (la música era su pasión) tiene un espacio -por pequeño que sea- en su mente. Por nuestra parte, seguiremos celebrando cada sonrisa, cada gesto de alegría cuando nos descubre a su lado.

Siempre ha dado mucho… tiene que recibir más

Jeannette Cid André

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