Con naturalidad

Javier y su Madre, Rosa España

La comunicación con mi madre quedó reducida a las miradas y a las sonrisas, sobre todo a los ojos. Muchas veces le notábamos que sonreía por la mirada, aunque tuviera el rictus de la boca serio. Con la mirada nos transmitía su necesidad de cariño y nos mostraba el agradecimiento cuando se lo dábamos.
También se expresaba mucho mediante gestos. Cuando le dolía algo o algo no le gustaba, arrugaba la cara. Por ejemplo, le encantaba comer y notábamos perfectamente que protestaba cuando le retirábamos el plato.
Descubrimos también el poder del tacto. Somos una familia poco habituada a tocarnos pero, de repente, empezamos a sentir la necesidad de hacerlo.
La convivencia con un enfermo así tiene momentos bastante difíciles pero la enfermedad nos ha enseñado mucho, hemos aprendido a tocarnos y a expresar cariño con naturalidad

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