Dejarla ir

Carol y su madre Concha España

La soledad se instaló sin casi darme cuenta. Una soledad que se presentó como amiga y que se convirtió con el tiempo en una excusa perfecta. ¡Fuera ruidos! ¡Fuera interferencias! Una soledad donde sólo mi madre podía entrar. Donde sólo mi madre conseguía que yo tuviese sentido. Donde se me olvidó que había madurado.

Mi madre se fue, dejándome con mi soledad, una semana después de que le susurrara al oído “Vete. Ahora ya puedo yo sola.” Me educó para ser independiente, para ser fuerte y a mi se me olvidó. Cuando lo recordé, cuando lo recordé con el cuerpo y la mente, cuando me lo recordaron… la solté. Y porque ella me quería tanto, no se fue hasta no verme preparada.

Dicen que madre sólo hay una. Yo tuve suerte de ver a la mujer completa que además era mi madre. La mujer que es mi madre. Yo soy esa mujer

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