Entrando en su mundo

Angel y su madre Rafaela España

La comunicación resulto la parte más difícil. Hay que reconocer que me costaba bastante ponerme en el lugar de mi madre e interiorizar que, a medida que la enfermedad avanza, ella retrocedía en conocimientos, lenguaje y modos de comportamiento. No llegaba a entender que lo que ayer hacia con toda normalidad, hoy no sabe de qué va. Unas veces me rebelaba e incluso le gritaba pensando que por decirle las cosas con voz más fuerte me iba a comprender mejor y nada más lejos de la realidad, todo lo contrario.
Las nuevas formas de comunicarnos pasaron por armarme de paciencia y, a través de canciones y juegos de mano que ella todavía recordaba, procuré entrar en su mundo.

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