Piel con Piel

Laura y su madre Conchita España

La conexión entre nosotras aparecía simplemente al ver su cara cambiar al llegar yo a casa. De tener una expresión triste y perdida, a ver cómo sonreía, le brillaban los ojos y se le iluminaba el rostro. Aunque no recordase mi nombre, y tal vez ni siquiera que ella era mi madre, de alguna forma ella me reconocía, y eso le hacía sentirse bien.
Encontré en su mirada y sus gestos la nueva forma de hablarnos, esta vez sin palabras. Cualquier malestar o tristeza que pudiese tener desaparecía en cuanto la besábamos, abrazábamos y acariciábamos. Creo que necesitaba el contacto humano y familiar para no perderse del todo en la oscuridad de su cerebro enfermo.
Me ha hecho descubrir el amor incondicional, piel con piel, sin palabras, y aprender nuevas formas de ternura, antes yo no solía decir “te quiero”, ahora lo hago a menudo, especialmente con ella

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