El impacto de las emociones

Alguien dijo, ‘Es más fácil borrar un mal recuerdo, que la emoción que generó ese mal recuerdo.’ Nuestros sentimientos y emociones dan color a nuestra vida, desde la cuna a la tumba y esta capacidad de emocionarse y de experimentar todo el rango de emociones: amor, alegría, miedo, rabia o dolor persiste hasta el final de la vida de los seres humanos y por supuesto de las personas afectadas por la enfermedad de Alzhéimer.

Las emociones funcionan haciendo que las imágenes procesadas en el cerebro pongan en acción una serie de regiones desencadenantes de las emociones. Por ejemplo la amígdala o regiones particulares de la corteza del lóbulo frontal. Una vez que las neuronas se activan, otros núcleos subcorticales y glándulas secretan moléculas químicas en respuesta a las señales neuronales dando lugar a comportamientos concretos. El miedo, por ejemplo, que pongamos una expresión de terror, nos paralicemos o corramos en una respuesta de huida. Sin embargo, lo más importante es que la mayor parte de estas ideas o planes se hacen de modo inconsciente. Una emoción negativa como la tristeza, puede asociarse y llevarnos a recordar otros hechos negativos anteriores. Una emoción positiva nos puede llevar a todo lo contrario, la rememoración de otras emociones y situaciones positivas.

La amígdala, integrante del sistema límbico nos da la capacidad de responder emocionalmente, permaneciendo intacta la función de la amígdala, incluso en etapas bien avanzadas de la enfermedad de Alzhéimer. De este modo, las personas afectadas por esta enfermedad se siguen relacionando con otras personas emocionalmente a pesar de que pierdan la capacidad de entender el contexto más amplio de lo que causa la emoción, saben que se sienten bien al reír y mal cuando la percepción o el recuerdo desencadena el miedo. Las personas afectas de Alzheimer pueden retener ese sentimiento durante mucho tiempo aunque no sean conscientes de la percepción o la idea que ha causado este sentimiento.

De hecho, la sensibilidad emocional aumenta con la progresión de la enfermedad haciendo a estas personas mucho más susceptibles de captar emociones que vienen del estado anímico de un cuidador, de un visitante o de un familiar. Las personas con Alzheimer notan si hay frustración, dolor, mal humor o, si por el contrario existe, amor, felicidad o alegría, calma.

Por eso es tan importante ser consciente y responsable de cómo nos sentimos y de qué queremos transmitir a las personas que acompañamos. Si queremos transmitir calma y seguridad, para tranquilizar la mente muchas veces agitada y temerosa de estas personas, tendremos que encontrar la calma dentro de nosotros, y acercarnos y hablarles desde allí.

Fuentes:

(Mace, 1990; Office of Technology Assessment, 1987; Zgola, 1987).

http://www.caot.ca/default.asp?pageid=3699

http://www.thehearth.org/theway.html

‘Y el cerebro creó al hombre’ de Antonio Damasio, Neurólogo y director de Brain and Creativity Institute en California

‘I’m still here’ de John Zeisel PhD

http://articlebrain.com/improving-alzheimers-and-dementia-care-emotions-rule/