Reencuentro

Hace unos días recibí un correo de una amiga muy querida y me emocionaron tanto sus palabras, que no he querido que se queden en la bandeja de entrada de mi correo electrónico. Por eso la he pedido permiso para publicar un extracto del correo y una foto de ella con su tía, y ella, generosamente me lo ha dado.

Gracias por compartir tu experiencia, querida Pilar.

Olga

“Necesito daros las gracias de corazón a ti y a todas las personas que de una manera u otra han hecho realidad Moving your Soul. Ahora es a mí a quien le ha tocado vivirlo, pues mi tía Marta con quien he tenido una relación muy cercana, ahora está en una residencia desde que el Alzheimer pasó a una fase más dura.

Hacía más de 15 años que no la veía, ya que vivimos lejos y no había tenido la oportunidad más que de hablar con ella por teléfono.

Desde la última vez que hablamos su estado ha ido empeorando y aunque tiene una familia que está muy pendiente y de la recibe mucho amor, desafortunadamente ya está en una fase donde necesita los cuidados de una residencia. Allí fui una tarde soleada de primavera y la encontré en la cama, agarradita al borde como si temiese caerse.

Tengo que agradeceros a ti y a Moving your Soul, el regalo de una perspectiva que me ayudó a contener el dolor y la rabia de ver a mi tieta de esa manera. Desde el primer momento, pude mirarla a los ojos, abrazarla y estar con ella, con la tieta Marta de siempre. No le pregunté si sabía quién era yo, le dije simplemente “Tieta, preciosa, que soy Pili, la hija de María Cristina, que te he echado tanto de menos y he venido a verte.” Sus ojos se iluminaron durante unos instantes y repitió “tieta” con una sonrisa torcida y cadavérica que sin embargo era la sonrisa de siempre.

Le di muchos besos y con lo coqueta que fue siempre, la llené de piropos mientras las lágrimas no paraban de bajarme por las mejillas.

Hablé con ella, le dí de beber, la puse crema, le acaricié pelo y me encantaría poder hacerlo cada día, cada día…porque la imagino allí, tantos ratos solita, como la encontré y se me parte el alma…

Ella también me besó mucho. Está demacrada, en los huesos, como un pajarito (entendí tanto lo que tantas veces me dijiste sobre tu madre) indefenso y vulnerable. Se lo dije “estás hecha un pajarito, acaso quieres ir a volar?” Y repitió pajarito con risa, alcanzó a decir “Qué graciosa” para torcerse su boca en una mueca de dolor como si por un momento fuese consciente de su propio sufrimiento. Mis caricias eran recibidas como un bebé que confía, “lo sé tieta, lo sé…” y después de llorar sin lágrimas unos instantes, se tranquilizó.

Cogí la mano que tenía agarrada al borde con tanta fuerza que ya los nudillos estaban blancos, como sin sangre. Le dije “puedes soltar tía, yo te tengo, eso yo te tengo…” soltó la mano poco a poco mientras yo acariciaba su piel seca, como de papel…le puse cremita, y la acaricié hasta que se quedó dormida. Tengo muchos momentos que agradecerle y lo hice ahí, entonces, mirándola a los ojos y con la tristeza profunda de estar viviendo una despedida.

No sé si hubiese podido vivir este momento con tanta ternura si Moving your Soul no me hubiese movido el alma antes de este encuentro. De hecho, estoy convencida de que el dolor, la rabia y la impresión de ver a mi tía así me hubiesen desconectado.

GRACIAS, amiga.

GRACIAS, Moving your Soul.”

Pilar Rueda