Ni bueno ni malo

Me siento más conectada con mi madre cuando nos reímos juntas, cuando nos abrazamos, cuando ella disfruta comiendo algo sabroso…. Así se crea una intimidad que nos permite comunicarnos a niveles de esencia. Sobran las palabras.

De joven estaba tan ocupada con mi vida y mis quejas sobre mi madre que era incapaz de ver quién era ella realmente. Lo irónico es que ahora si la conozco: una mujer maravillosa, generosa, con un gran corazón y una gran pasión por la vida. Siento mucho amor y gratitud hacia ella.

La forma en que la relación evoluciona según pasa el tiempo y la enfermedad avanza me ha hecho reflexionar sobre las grandes cuestiones en torno a la vida y al aceptar la muerte como parte de la misma.
Tenemos la tendencia general de etiquetar todo lo que sucede. Correcto o incorrecto, bueno o malo… aunque las cosas son más complejas que este planteamiento dualista. No hay duda, el Alzheimer es una enfermedad difícil, crónica, mala, progresiva y sin esperanza. Sin lugar a dudas comunicarse con pacientes de Alzheimer es bastante difícil y lo sorprendente es que podemos encontrar maneras enriquecedora para conectar de una forma diferente y profunda: tocando, abrazando, sonriendo, a veces incluso hablando un idioma incomprensible. ¿Es esto bueno? ¿Malo? ¿Correcto? ¿Incorrecto? ¿Qué ocurriría si pudiésemos mantenernos neutros? ¿Y si pudiéramos permanecer neutros? ¿Qué riquezas nos aguardan en cuanto dejemos de juzgar y de etiquetar cada situación?