Carta a mi Madre

Te has alejado del pasado y quizás no sepas más del futuro, pero para mí estás en el presente.

Sigo sintiendo tu ternura de madre  con la certeza de que es más intensa que antes. Me sigues dando pellizcos de alegrías a cambio de nada.

Tus recuerdos se van borrando y trato de rescatarlos para llevarlos a lo más profundo de mi corazón, me niego a que el tiempo sea el culpable del olvido.

Despertar contigo cada día es un regalo, ver tu sonrisa al levantar la persiana de tu habitación  con tu mirada puesta en el cielo es como dar gracias por ver amanecer. Hablas de las palomas que se posan por los tejados cercanos a ti como si fuera el mejor acontecimiento del día.

Para ti no existe la rutina, no existe el daño, ni siquiera te quejas cuando sufres. Aún sintiéndote débil una fuerza de tu interior te arrastra para vivir.

Quiero imaginar qué sueñas cuando duermes, sobre todo cuando me asomo de madrugada. Veo tu silueta encogida en la cama y, en ese momento, quiero convertirme en tu hada y llevarte a un mundo mágico donde estén todos tus seres queridos que ya no recuerdas. 

A pesar de lo dura que es esta enfermedad aprendo  de ti cada día… Soy afortunada por estar sintiendo tus momentos, tus risas y hasta tus llantos son hermosos cuando lloras por alegrías que encuentras.

Gracias, madre, por darme tanto amor cuando me das la mano, cuando me miras ,cuando me hablas ,cuando lloras…

Dame tiempo para poder llenar el manantial de mi alma de todos tus instantes, quiero enriquecerme contigo. No voy a olvidarte nunca.

Has sellado con la palabra MADRE cada rincón de mi vida.

Marisol, España

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