Corazón roto pero abierto

Conocí y me casé con Jim, mi compañero del alma, hace catorce años. Él era todo lo que yo quería de una relación e hicimos planes maravillosos para vivir juntos el futuro.

Tras dos años de matrimonio tuvo su primer episodio de cáncer y le quitaron la arcada dental superior izquierda. Quince meses después le sobrevino otro ataque más serio que obligó a retirar la mandíbula inferior izquierda, restituirla con su peroné y aplicar radiación. La recuperación llevó mucho tiempo.

Tres años más tarde sufrió un ictus cerebral que le incapacitó para leer, hablar y escribir. Estuvo tres meses en el hospital. Estuvo ‘ausente’ durante un tiempo pero volvió.

Luego vino la aparición de la demencia vascular. Es como si Jim se alejara gradualmente de mí sin volverse para decir adiós. Al menos con el cáncer y el ictus, Jim tenía la posibilidad de curarse y capacidad para volver a mí, para recuperar la relación. Estábamos disponibles uno para el otro, compartíamos nuestros sentimientos más íntimos. Pero con la demencia, no.

Mi experiencia con la demencia estos últimos cuatro años ha sido de desconsuelo. Aunque seguía enamorada de Jim, gradualmente comencé proteger mi corazón y a cohibir y contener mis sentimientos, como abrazándome a mí misma en busca de protección. Con el tiempo, Jim dejó de hablar. Cada vez se hacía más difícil visitar a Jim en la residencia y ser testigos de su deterioro. Sentía con dolor que me iba alejando emocionalmente de él… aunque le seguía visitando periódicamente.

Leyendo A Hidden Wholeness: The Journey Toward an Undivided Life (Una Integridad Escondida: El viaje hacia una vida indivisible) de Parker Palmer, conocí la idea de que yo podía elegir si seguir rompiéndome el corazón o hallar el valor para permitir que mi corazón roto se abriera.

“Pero hay al menos dos maneras de entender lo que significa rompérsenos el corazón. Una es imaginar el corazón roto en fragmentos esparcidos, una sensación que la mayoría conocemos y un destino que nos gustaría evitar.

La otra es imaginar el corazón rompiéndose y abriéndose para ampliar su cabida, un proceso no exento de dolor pero que muchos de nosotros agradecería… mi corazón puede abrirse y ampliar su capacidad para dar más cabida tanto a mi propio sufrimiento, alegría, desesperación y esperanza como al sufrimiento y la alegría, a la desesperación y la esperanza del mundo”.

Yo adopté la decisión y el compromiso de permitir que mi corazón se rompiera y abriera dentro de mí para ampliar su cabida. Me di permiso para volverme a enamorar de Jim sin ningún tipo de condiciones. Lo hice viendo nuestros álbumes de fotos, recordando aquellos fantásticos momentos que compartimos, rememorando nuestra vida juntos. Claro que fue doloroso, pero también lo era tener el corazón roto. Con la intención de permitir a mi corazón romperse y abrirse para ampliar su capacidad, encontré un sentido renovado de paz y consuelo.

En lugar de oponer resistencia, comencé a esperar con impaciencia la visita al “amor de mi vida”, a abrir por completo el corazón, a quererle y aceptarle tal y como es ahora. Él cambió sustancialmente su respuesta hacia mí, y su mirada ganó profundidad. Empezaron a asomar unos ligeros guiños del ‘antiguo Jim’. Él siempre ha sido intuitivo… en cierta medida, él sabía.

Notaba que su presencia se encontraba con la mía de forma distinta cuando íbamos en el coche o escuchábamos música juntos. Le cogía la mano aunque su respuesta no estuviera allí. Dejaba que mi corazón rebosara plenitud.

Hay ahora un matiz más intenso de conexión tácita. Esto me ha ayudado en mi planteamiento del corazón que se rompe y abre; a sentirme en paz y al mismo tiempo apoyar a Jim. Me siento más fuerte, más centrada y más en paz con lo que es.

Que encuentres dentro de ti la fuerza y el valor que te permitan experimentar tu corazón rompiéndose y abriéndose para ampliar su cabida en lugar de sentir tu corazón destrozado; que estés dispuesto a aceptar la vida como es y crear una clase diferente de belleza y conexión con tu ser querido.

Marlena Field, Canada

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